Suerte

CEZ-SuerteSales del trabajo, hasta las narices de aguantar borrachos maduritos con complejo de Peter Pan, y enfilas la M30 derechita a tu mansión con vistas, soñando con el abrazo del sofá.

Cruzas Madrid, una vez más, (no se por qué extraña razón, da igual donde fije mi nido. El trabajo, cuando salga, estará justo en el extremo opuesto de la ciudad), giras en el último semáforo, abres la puerta de tu guarida y, con el “click-click” del cierre automático del coche, empiezas a visionar la cervecita bien fría que te acompañará mientras cocinas esa receta que llevas tiempo queriendo probar, y para la que nunca encuentras el momento.

Con una media sonrisa sigues el camino a las escaleras que te llevarán a la tierra prometida, cuando algo inusual en ese antro de estética Blade Runner llamado garaje llama tu atención. Está ahí, tendida, como abandonada en el último minuto. Al principio no aciertas a distinguirla bien, por lo que te paras, te acercas cautelosa, la rodeas: “Sí, es una de ellas, pero ¿qué es eso que tiene como clavado?”
Miras alrededor, intentando descubrir de donde ha salido, pero no hay más señales que una botella de agua medio derramada, y unos pedazos de yeso en el suelo con marcas de haber golpeado algo. De haberla golpeado a ella.
Sigues sin entender qué ha pasado hasta que das un paso más. A medio camino entre el “saber más” y el “salir pitando”, cuando ves esa marca inconfundible. Esa que sólo ella y tú conoceis, y todo encaja:

“¡Es ella!”

Aciertas a susurrar mientras abres los ojos como platos y un escalofrío te recorre la espalda, temerosa de que quien le ha hecho esto pueda estar aún alli. Agazapado detrás de algún coche. Escondido tras un recoveco. Esperando una nueva oportunidad para terminar el trabajo.

Sólo piensas en sacarla de allí, pero no puedes sola. Aún así, te pones el abrigo, te cruzas el bolso para tener las manos libre, la agarras y tiras de ella hasta llevarla detrás de tu coche donde, no sabes por qué, pero te sientes más segura. Protegida de miradas ajenas. Allí intentas sacar la barra que la mantiene inmóvil, mientras marcas el número de quien sabes que, sin duda, te ayudará a ponerla a salvo.

¿Qué ha pasado?

No se. He llegado, la he visto ahí tendida, me he acercado y la he reconocido. Casi me pongo a llorar cuando la he visto así.

Pero, ¿está bien? ¿Le han roto algo?

Creo que no. Le han destrozado una cadenita, pero han debido pillarles en plena faena y no han podido llevarsela. La han abandonado “ahí”. Escondida entre los coches como si pensaran volver a por ella.

Le das una última ojeada buscando daños mayores, él la coge en sus brazos, y la sacais de allí.

Esta vez se ha librado, pero puede que la próxima, tu bicicleta no tenga tanta suerte.

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12 comentarios en “Suerte

    1. Pues sí. Estaban últimamente pasandome demasiadas cosas de estas, y siempre se quedaban a medias. Esta tarde parece que al fin me ha tocado, y de la manera más tonta. Adios iphone querido!!

  1. Pingback: Suerte
    1. Pues no ha quedado mal para como la trataron, pero el susto no me lo quita nadie. Se debieron colar en el garaje al entrar algún coche, y y fueron directos a por ella, porque la barra que utilizaron para romper la cadena con la que tenía atada la trajeron ellos. Menos mal que una se ha criado en la periferia sur, y sabe que chica precavida vale por dos, por lo que le puse doble candado, y con el segundo no pudieron.
      En fin, que se ha salvado por los pelos, pero se han quedado con las ganas.

Y tú, ¿qué opinas?

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