Pequeño por Madrid

Este fin de semana, los cuñaos nos dieron la sorpresa de pedirnos si podíamos quedarnos con Pequeño, para que ellos pudieran tener algo de tiempo libre y socializar con adultos, sin pensar en la salida del cole, la hora de comer, o el teatro de los Abus (más bien de la Abu)

Y como les íbamos a decir que no, y perdernos una mañana de juegos en casa, (ya que la lluvia no nos dejaba salir a la calle). Nadie puede resistirse a una sesión de escondite, pilla-pilla, Lego y acuarelas, (teníais que vernos en pijama, escaleras arriba y abajo buscando el mejor escondite, o dando vueltas a la mesa cual perrillo persiguiendo su pelota. Lo que se hace por el sobrino)

Cuando la lluvia nos dió una tregua, nos vestimos y nos fuimos en busca de un perchero y unos cuadros para la cansina #reformalowcost, y acabamos llevandonos un reloj. Cosas que pasan cuando sales de compras. Pequeño entró en modo “os voy a poner a prueba”, y empezó a lloriquear de ese modo que no soporta la La Reina Bruja, porque quería que quitáramos la música de la radio. Se le dijo dos veces que las cosas no se piden lloriqueando, siguió en sus trece, no le dimos más importancia mientreas él seguía a lo suyo, hasta que llegamos a la tienda y vió los relojes para su cuarto nuevo. Entonces es cuando las ganas de lloriquear me entraron a mí, al ver el modelito que le había puesto Limón y la cara que iba a poner su madre cuando le viera. Auténtico gitano daltónico, sumado al hecho de que está constipado y tiene mocos constantemente, ejem, sin palabras.

Con nuestro reloj bajo el brazo nos metimos en el coche y nos fuimos en busca de Lacuñá.

Pequeño no suele visitar el centro de Madrid, porque le pilla a desmano de Wisteria Lane. Y cuando se queda con los Abus, estos prefieren quedarse en casa o, como mucho, bajar al parque.

No voy a entrar aquí porque cada uno lo hace como mejor sabe o puede, pero digamos que yo soy más de descubrirle el entorno que de ver tele, siempre que el tiempo lo permita. Of course.

Por eso, cada vez que tengo oportunidad, agarro al chiquillo y me lo llevo a que conozca las maravillas que le ofrece este #mimadrid, y me encanta cuando mira hacia arriba y me dice: “mira, casitata, que casa más chula”, o entra en el mercado de la Latina y le sale un: “hala, yo aquí no he estado nunca. ¡qué chulo!”; o pase por el Campo de Cebada, y no pueda resistirse a mirar por una de las puertas de lavadora a través de las que puedes ver el interior del campo; y qué deciros de su cara cuando ve Caramelos Paco y le cuento que el escaparate es una piscina de caramelos. Pura ilusión e inocencia.

El caso es que quedamos con Lacuñá, que andaba de curso de jabones y venía flipada con la saponificación, la jojoba, y no se cuantas cosas más, hasta que reparó en su “Pequeño Pantoja”  y empezó a caerle la gota de sudor frío por la frente (más tarde admitiría que “porque no pasamos por una tienda, que si no le cambia de ropa”). En descargo de Limón diré que, si le dejas solo, tiene un estilo digamos “ecléctico” incluso en él mismo, y que Lacuñá es una auténtica Fashion Victime. Mala mezcla esa.

Corderito rico

Para endulzarle un poco el ánimo, y que no nos quite la custodia compartida con los Abus, nos la llevamos de aperitivo a una tabernilla mientras llegada “Elcuñao” y nos fuimos de comilona a La Posada de la Villa, donde nos llevamos el chasco de no poder dar cuenta de un buen cocido, pero que rápidamente se nos pasó cuando probamos el cordero asado. ¡Pura delicia!

(Como curiosidad, y por si no habeis estado nunca, tienen las sillas marcadas con el nombre de quien, supuestamente, comió en ella, y a mí me toco Espe, y a Pequeño A. banderas. ¿Será un mensaje? porque teatrero es un rato el chaval)

Canutillos, Leche frita, Milhojas, Tarta de queso. ¡Maldita lactosa!

 

 

 

Y los que pudieron, remataron con unos dulces caseros que te hacen odiar a la lactosa con todas tus fuerzas.

 

A la salida nos dieron “La llave de la Posada”, una curiosa tarjeta de visita que a Pequeño le hizo mucha ilusión.

Ya tenemos nuestra primera llave, y me da que no será la última.

Con la barriga bien llena (unos más que otros), nos pasamos por caramelos Paco, para que Lacuña y Pequeño saciaran su sed de azucar (son unos golosos empedernidos)

Después de pasar por casa para meditar sobre la mañana (vamos, echarnos un siestón de pijama y orinal), Pequeño quería “cenar croquetas en un restaurante”, lo que nos valió de excusa para intentar cenar en Buenas y Santas pero, como era de esperar, estaba hasta arriba, y nos conformamos con la Venta Matadero, mucho más cerquita de casa y desonocida para nosotros. Pequeño y mayores tuvieron croquetas (croquetones en nuestro caso) muy ricas, según dijeron (otra vez la lactosa), y yo me relamí con unos trigueros bien buenos, y frescos, cosa que es de agradecer, porque parece que la conserva está de moda. Eso sí, a precio de fresco. Después de un dia de engullir cual boas, reptamos hasta casa y a dormir para, al día siguiente, enfrentarnos a un IKEA repleto de familias con niños de todos los estilos de crianza (algunos para echar de comer aparte)

Pero el viaje no fue en balde, porque comió albondigas, jugamos en la tienda de campaña, probamos algunas camas, escogió unas lamparas “estrella y luna” y una funda de edredón de números, de la que Lacuñá dijo “será azul, porque roja con la habitación naranja…” Fashion Victime total.

El ir a la tienda sueca un domingo, no es terapia de choque materno-infantil, símplemente es el único día que nos podíamos juntar para escoger la nueva habitación de Pequeño.

Se hace mayor y deja su pequeña habitación de bebé para pasar a una de adulto, pero decorada a su gusto (vamos, infantil).

Después de vernos la exposición, tomar medidas y elegir, resulta que estaba todo agotado, y tendrá que seguir esperando para estrenar muebles, (bajo mi punto de vista, mejor así para poder ver más opciones)
Además, aún tiene seis meses para desocupar la habitación del bebé. Justo el tiempo que tardará en conocer al que vendrá a destronarle. Y como tenga la suerte de que sea Pequeña en lugar de Chiquitín, lo va a pasar realmente mal.

Sí amigos. Me van a hacer Retía o, como diría Pequeño, “Retata”

¡Enhorabuena, Cuñaos!

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6 comentarios en “Pequeño por Madrid

  1. Menuda casitata estás hecha!!!! Ya podrías ser mi cuñada en vez de los que tengo, que no se han quedado un solo día con ninguna de las fieras!!!!

    Muchísimas felicidades a los cuñaos y a la retata!!! Besazos enormes!!

    PD: Gracias por la mención ;-DDD

    1. Uf! Pues Pequeño es como la falsa moneda, con la variante de que todos se la quieren quedar. Hay morros por ver quien se hace cargo cada vez que los cuñados necesitan servicio de canguro, aunque suelen ganar los Abus (la edad es un grado)
      No saben tus cuñados lo que se pierden. Que sí, que cuando se ponen tontines dan ganas de mandarlos con sus padres, pero es muy interesante ver como cambian su comportamiento según con quien estén, o su cara de fascinación ante lugares nuevos o distintos a los de su entorno habitual. Por no hablar de lo mayores que les hace sentir explicarte las normas de un juego, los nombres de sus amgos del cole o chocar la mano con el camarero (la cara del hombre también era un poema)

      Muchas de nadas por la mención, me venía como anillo al dedo, y gracias a tí por pasarte. Siempre es un placer una charla contigo en el zaguan.

      Besotes “apretaos”!!

    1. Creo que “bestia parda” y yo necesitamos conocernos un poco más pero, por lo demás, montamos una de estas cuando quieras.
      Cualquier día cierro la planta baja de La Biela y monto un salón de juegos infantiles en un momento.

      Besines.

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