De amigos y cañas

En la vida de toda persona hay puntos de inflexión que hacen que esta cambie, para bien o para mal.

Te das cuenta de que estás en uno de esos momentos cuando, para tomarte una caña con un amigo, necesitas:

1- Cuadrar tu agenda con la suya, la de sus hijos, la de sus padres, suegros, hermanos, primos, y demás allegados.

2- Encontrar fecha no antes de una semana mínimo, debido al punto uno.

3- Tener claro que sólo tenéis 20 minutos para veros.

4- Si tu buena voluntad te ha hecho llegar hasta este punto, aún deberás cruzarte la ciudad para encontrar un lugar mínimamente agradable “cerca de su casa”, y digo encontrar porque te tocará a tí buscarlo, que el susodicho sólo conoce su casa y el mercado. Ya.

Y aún así es muy probable que te quedes sin caña porque le surja cualquier emergencia en el último momento, o esté “supercansado y no tiene ganas de nada”

Esto para una caña, no te digo una cena y ni se pase por la cabeza de nadie un fin de semana completo.

Las primeras veces lo entiendes, las siguientes te escama, y las últimas te cabrea que te cancelen por norma, como una mala película. Vamos, que todos tenemos malos días, semanas, e incluso años, pero de vez en cuando es aconsejable, por no decir obligado, poner un poco de buena voluntad y encontrar un “mini hueco” para esos a los que una vez llamamos amigos, poco a poco pasan a ser conocidos y, si no ponemos de nuestra parte, pasarán a ser una foto en whatsapp o uno de esos llamados “amigos de Facebook” que mantenemos por pereza o nostalgia.
Empiezas a tener sensación de veto permanente, aunque te niegues a creerlo, sensación que se incrementa cuando te encuentras las fotos de la cena con “fulanito &co”, las copas en casa de tal, o “de disfraces por la Plaza Mayor”.

Parece que es un mal común, una fase más en la vida, que pasa. Y en unos años esos compañeros de vida vuelven, con más arrugas, más dioptrías, las mechas más rubias, y más necesidad del cariño que no sabemos darnos ahora. Se retoman las meriendas donde se mezclan las charlas sobre mal de amores propios, con los de los crecidos retoños.

Mientras tanto, sólo nos queda seguir intentando que el lapso de tiempo sea el menor posible, y la ausencia lo más llevadera. Algo que se consigue gracias a lo que el gran ketes llama “verdaderos amigos”, que son pocos y escasean, como todo tesoro que se precie. Cuidenlos, porque al final son los únicos que nos quedan, y alegrenles el lunes con una buena caña y una sonrisa sincera en la cara.

Buen lunes a tod@s, y ahí va un homenaje al último verano con mis telefónicos favoritos!!!

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6 comentarios en “De amigos y cañas

  1. Super interesante. Cada vez valoro más las relaciones que son fluidas, aquellas con quienes realmente las cosas surgen y cuadran; si tenemos que estar pendientes de agenda… y encima supone hacer un “esfuerzo”, no sé si realmente compensa (he de reconocer que también tengo de estas relaciones, pero a veces me las cuestiono…)
    Buena reflexión para un martes por la noche,
    Gracias por tu visita!

    1. Bienvenida al zaguan! Que ilu tener un comentario nuevo.
      Me voy dando cuenta de que todos tenemos relaciones de este tipo, nos las cuestionamos pero, por uno u otro motivo, seguimos manteniendolas (o algo así). La parte buena es que nos hacen valorar más a esas personas que sí que valen la pena y para las que sí somos lo suficientemente importantes como para sacar un momento, aunque sea acompañandonos a hacer la compra.
      Muchas gracias por tu comentario y enhorabuena por tu página. Un gran descubrimiento!

  2. Llevas mucha razón. Quedar con mis amigas a cenar es como organizar un evento multitudinario. Vaya que no hay que cuadrar fechas, horarios, disponibilidades, transportes… Estresa y todo quedar con alguien. Un saludito. Voy a cotillear por aquí.

  3. Qué razón tienes… nos hacemos mayores y cada vez cuesta más quedar con los amigos de siempre. A veces es más fácil hasta hacer amigos nuevos!

    Con lo de los peques, todo se complica, pero hay que hacer todo lo posible por no renunciar a esos momentos.

    1. Has tocado un punto sensible. Los nuevos amigos. Esta es una de las razones por las que pasas de la comprensión al mosqueo en décimas de segundo. Pero como bien decís a veces en vuestro blog, cada uno barre su casa como quiere(o algo así), aunque lo propio sería avisar a los demás para que sepamos que podemos dejar de barrer, que no vamos a tener visita.
      Como siempre, un placer tenerte por aquí. A ver si algún día se anima mamanatas.

Y tú, ¿qué opinas?

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