Historias de “Metro y medio”

Hace tiempo que me hice a la idea de que “soy pequeña”, y mi poco más de metro  medio da fé de ello.

Normalmente no me afecta demasiado, pero hay ocasiones en las que sientes ese no se qué, qué se yo por dentro, que se traduce en unas inmensas ganas de dar un buen “par de” a la genética.

Ya, ya. Que os veo venir. Ahora empezareis con el “exagerada”, “seguro que no es para tanto”.

Ya me gustaría veros a vosotros mirando la última lata de atún, allí, en la ultimita balda de la estantería. Calibrando a cada uno de los que están en el pasillo, intentando encontrar a alguien “que de la talla” y pedir que te baje la latita mientras te mira con cara de “ah, ¿es que no llegas?”

Que yo pienso: “sí hombre. Es que quería ver tus calzoncillos de mercadillo y disfrutar de tu no desodorante, majo”. Pero tampoco hay que hacerse la lista, que te castiga sin atún en un periquete.

Y digo yo que esa lata ha llegado ahí de dos formas posibles:

a- Con una escalera.

b-Con el primo de zumosol talla Gasol.

Claramente no soy del tipo b (ni yo ni la mayoría de los mortales) y lo más normal es que hayan puesto las latitas de atún a la altura del techo con una escalera, como mínimo. ¿Entonces por qué no dejan un alzador de esos de dos escalones para que podamos mantener nuestra dignidad? ¿Acaso piensan que vamos con la nuestra a todas partes, por lo que pueda pasar? De verdad, que el que no lo sufre no sabe lo humilllante que es.

Lo único bueno de esta situación es que alguno piensa que intentas ligar con él, y al menos uno sale con el ego subido. Que momento, madre.

Este no es más que un ejemplo. Ah, ¿que quereis más? Pues ahí va una lista de mis “grandes momentos

1- El de la puerta automática.

Uno de esos momentos, bastante recurrentes, es cuando intento entrar en un centro comercial y la puerta automática no me ve. Entonces empieza mi exitoso baile, mientras el de seguridad se descojona desde dentro, viendo como me echo para atrás, a un lado, levanto las manos,… y al final toca esperar a que venga alguien y  colarme detrás de él. Muy triste. Desde que está mi sobrino, alias “pequeño”, comparto esta frustración con él, aunque el bicho se lo toma a guasa (como todo), y juega a algo parecido al escondite con la puerta.

He de decir que, tras años de estudio, ya sel voy cogiendo el truquillo y casi siempre encuentro el ángulo de entrada. Casi siempre.

2-El de la fila del Mc

Una noche, en modo perezoso, paro para comprar la cena. Me pongo en la fila y espero unos 10 minutos a que me toque. Detrás de mi llega una pareja haciendo trajes a todos sus supuestos amigos. Me entero de lo malísima que es fulanita y lo cornudo que es menganito, etc, hasta que llega mi turno. Entonces la parejita se dispone a pedir, y una voz delante de ellos dice : un pollo con patatas deluxe para llevar (yo misma)

El chaval me dice que están ellos antes. Yo digo que no, que han llegado después, y deberían ver detrás de quien van. Se mete la chica y que no, que no había nadien etre ellos y el fulano de delante. Ante esto, le digo que quizá si no hubieran estado tan entretenidos criticando a Fulanita, que la verdad, es mala de cojones, sólo quizá entonces se hubieran dado cuenta de quien tenían delante.

Se quedaron mirándose, con la boca entreabierta, como pensando (no creo, no les da la neurona), mientras yo pago y recojo mi pedido. Me doy la vuelta para irme y les digo: “Por cierto, Menganito no es sólo cornudo, además es bastante cortito si cree que es normal que su novia quede cada noche con Zutano, se le haga tarde y duerma en su casa”.

Agarro mi bolsa y salgo zumbando de allí antes de que procesen la información, mientras la cajera grita “siguiente” entre risitas.

Al menos esta vez me fuy toda digna.

Este momento tiene la variante del super y del cine.

3- El del aeropuerto y deutsch cousine 1

Llego sóla a las tierras teutonas, por primera vez en mi vida, y me está esperando “deutsch cousine” recién reencontrada tras muchos años. Me ve, se acerca y me dice “Eres pequeña. Eres muy pequeña. No me fijé cuando nos vimos hace dos años”  

Como se os queda el cuerpo, eh? A mí frío como su clima, y con ganas de darle un achuchón y dejarla sin respiración, a ver si seguía pareciendo tan pequeña. Menos mal que luego lo pasé de lujo, que si no…..

4- El del aeropuerto y deutsch cousine 2

Viene mi cousine alemana, y voy a recogerla al aeropuerto. Me pongo mi abrigo rojo, porque me gusta, me abriga, y estoy monísima con él. El vuelo viene con retraso, no pasa nada. Me siento a esperar leyendo, justo en la puerta de salida, para que me vea bien. No sale, no sale, donde está. LLamo para ver que pasa, y es que no aparece la maleta. No pasa nada. espero.

A la media hora, de reloj, después de que salgan todos los viajeros posibles y quiten el vuelo de pantalla, aparece la pobre arrastrando su maletilla. Me pongo de pié, me acerco, voy a saludar y….., ¡pasa por delante sin decir ni pio! Me quedo ojiplática, (mal que le pese a la @RAE), y salgo detrás de ella: ” deutsch cousine!, que estoy aquí! Se gira, sonríe y dice “no te había visto”.

Menos mal que la quiero (en Madrid lo decimos así), que si no allí se queda.

5-El de la exposición y Kinect

Sábado por la tarde, después de una mañana con sobrino en pleno exorcismo (las rabietas infantiles merecen un serio estudio, de verdad), y teniendo que anular mañana con amigos, nos vamos a la exposicion sobre Leonardo montada en la sala de exposiciones del Canal, en Madrid (recomendable incluso con niños, para los que tienen talleres por edades).

La expo bastante bien, con maquinas para ver y tocar, cuadros, libros, y unas pantallas con juegos con el sistema kinect. Los otros dos adultos del grupo juegan y nos reimos todos mucho. Jajaja, que divertido. “pequeño” se lo pasa pipa, más jaja, venga ahora @casigata. Me pongo en la marca, brazos arriba para iniciarlo….., no pasa nada. ¡Ni ponerlo en marcha pude! Se me ocurre decir que esto es como las puertas automáticas, jajaja, jijiji. En fin, que me fuy con un mal cuerpo que “paque”, y otro fracaso más.

6- El del conductor de autobús, corto de miras

El momento cumbre llegó ayer en una tarde para olvidar, excepto por la comida con @madresfera y @DDonRadon que ha sido muy agradable. Ya venía necesitando un poco de charla con otros humanos, que la vida de maruja en paro es muy solitaria.

De camino a casa, después de una hora de paseito al sol de Madrid, mis piececillos dicen que ya no dan más de sí y me imploran que suba al primer bus que nos acerque a casa. Hecho.

Me pongo en la fila (mira, otra para el momento 2), espero mi turno para subir al autobús, y cuando tengo un pié dentro y otro en camino, me cierra la puerta. Así, con un par de narices. En segundos calculo si me conviente más quedarme sin delantera, brazos y nariz, o perder mi bolso y parte del trasero (esto último no estaría mal, la verdad), y opto por conservar la mayor parte posible de mi anatomía.  La experiencia “jackus” de llegar a Legazpi en modo sandwich tendrá que esperar a otro día, así que doy marcha atrás y me quedo con la puerta en las narices. Literalmente. No me queda claro si el conductor escuchó mi gritito estúpido, si alguien le dijo que abriera, o realmente se dió cuenta que ese bulto rojo que manoteaba fuera era una persona. Pequeña, pero persona. El caso es que abrió y, entre un “lo siento” contínuo (el pobre no se si estaba más acojonado o avergonzado) me suelta el tan poco deseado “no te he visto”

¿Qué? ¿Seguís pensando que exagero?

A disfrutar del martes, que se pasa rápidito.

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5 comentarios en “Historias de “Metro y medio”

  1. Pues no, no exageras nada, qué va!!!

    Mamanatas y mi hermana también pasan ligeramente del metro y medio, pero en mi vida las he visto en tales aprietos, sagerá!

    Empezaría a preocuparme por si estás mutando en mujer invisible o vampira. No te detecta la kinect ni las puertas automáticas!!!!

    Muy divertido el post. 😄

    1. Ay, paparracho! Hace tiempo que sospecho que algo de mujer invisible debe haber. Creo que por eso mi subconsciente me dijo:
      -eh!, ves ese abrigo rojo? A por él!
      Pero ni por esas. De todas maneras yo no cejo en el empeño y, de vez en cuando, me pinto el ojo, me subo a los tacones y me digo:
      -pero que buenorra estás, Gatilla, y se me pasa el mal rato.

      Gracias por pasarte un ratito por el zaguan.

  2. Jeje y como colofón, un chiste dedicado a las bajitas, vía @saramarron:

    – Chiqui, ¿te has comprado un iPad?
    + No, es mi iPhone, desgraciado.

    Sin acritud 🙂

    1. Pues ya sabes que sus chistes no suelen ser de mi agrado, pero este me ha gustado. Muy gráfico en mi mente. Podíamos hacer una viñeta para acompañarlo, en mi ipad, o es un iPhone. Ahora me haces dudar.
      Un placer charlar contigo.

Y tú, ¿qué opinas?

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